Vivimos rodeados de estímulos, obligaciones y pensamientos que nos llevan constantemente de un lugar a otro. Mientras hacemos una cosa, pensamos en la siguiente. Recordamos lo que ocurrió ayer, anticipamos lo que podría pasar mañana y, casi sin darnos cuenta, dejamos muy poco espacio para estar realmente en el presente.

El Mindfulness o atención plena nos propone precisamente recuperar ese espacio: aprender a prestar atención a lo que está sucediendo aquí y ahora, observando nuestros pensamientos, emociones y sensaciones con una actitud más consciente y menos automática.

No se trata de dejar la mente en blanco ni de evitar los pensamientos. Se trata de aprender a relacionarnos de otra manera con nuestra propia experiencia.

¿Qué es el Mindfulness?

Mindfulness puede traducirse como atención plena o conciencia plena. Aunque sus raíces se encuentran en antiguas prácticas contemplativas, especialmente vinculadas a tradiciones budistas, en las últimas décadas también se ha incorporado a programas psicológicos, educativos y de bienestar.

Su práctica consiste en dirigir deliberadamente nuestra atención hacia el momento presente: la respiración, las sensaciones corporales, las emociones, los sonidos o aquello que estamos haciendo.

Imagina que estás tomando una taza de té o café. Puedes hacerlo mientras miras el móvil, piensas en el trabajo y repasas mentalmente todo lo que tienes pendiente. O puedes detenerte unos instantes y percibir el aroma, la temperatura, el sabor y las sensaciones que aparecen.

La actividad es la misma. Lo que cambia es la forma de vivirla.

¿Qué ocurre cuando vivimos constantemente en “piloto automático”?

Nuestra mente tiene una extraordinaria capacidad para anticipar, recordar y analizar. El problema aparece cuando permanecemos atrapados continuamente en ese movimiento mental.

Podemos terminar reaccionando automáticamente ante determinadas situaciones, preocupándonos por acontecimientos que todavía no han sucedido o dando vueltas una y otra vez a experiencias del pasado.

La práctica de Mindfulness busca crear un pequeño espacio entre lo que ocurre y nuestra reacción ante ello.

Ese espacio puede ayudarnos a observar primero y responder después.

Beneficios del Mindfulness

La investigación científica sobre Mindfulness ha crecido considerablemente durante las últimas décadas. Los resultados sugieren que determinadas intervenciones estructuradas basadas en atención plena pueden producir beneficios en algunas personas, especialmente relacionados con el estrés, la ansiedad y el bienestar psicológico.

Entre sus posibles beneficios encontramos:

Ayuda a gestionar el estrés

Practicar la atención plena puede ayudarnos a reconocer antes las señales físicas y emocionales asociadas al estrés.

No significa eliminar todas las situaciones estresantes, sino desarrollar herramientas para relacionarnos con ellas de una manera más consciente.

Favorece la atención y la concentración

La atención también se entrena.

Cuando practicamos Mindfulness y nuestra mente se distrae, aprendemos a reconocer esa distracción y regresar nuevamente al objeto de nuestra atención. Repetir este proceso puede favorecer nuestra capacidad para mantener el foco.

Mejora la relación con nuestras emociones

Una emoción no siempre necesita ser rechazada o combatida.

Mindfulness nos invita a reconocer lo que sentimos y observar cómo se manifiesta en nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.

Aprender a identificar nuestras emociones puede ayudarnos a gestionarlas mejor y evitar algunas respuestas impulsivas.

Puede ayudar a reducir la ansiedad

Cuando existe ansiedad, nuestra mente puede quedar atrapada en escenarios futuros: ¿qué pasará?, ¿y si ocurre esto?, ¿y si no puedo afrontarlo?

La atención plena nos devuelve al presente.

Las prácticas basadas en Mindfulness han mostrado resultados prometedores para reducir síntomas de ansiedad en determinadas personas, aunque no sustituyen la atención psicológica o médica cuando esta es necesaria.

Favorece un mayor autoconocimiento

Cuando empezamos a observar nuestra mente descubrimos pensamientos, emociones y formas de reaccionar que anteriormente podían pasar desapercibidas.

Ese conocimiento puede permitirnos reconocer nuestras necesidades y relacionarnos de una manera más consciente con nosotras y nosotros mismos.

Puede favorecer el descanso

Algunas prácticas de atención plena y relajación pueden ayudar a reducir la activación mental antes de dormir y mejorar ciertos aspectos relacionados con la calidad del sueño.

Sin embargo, los problemas persistentes de sueño pueden tener causas muy diferentes y deben ser valorados profesionalmente cuando sea necesario.

Mindfulness no significa estar siempre bien

Este punto es especialmente importante.

Practicar Mindfulness no consiste en eliminar las emociones desagradables, pensar siempre en positivo o alcanzar permanentemente un estado de calma.

La tristeza, el miedo, la preocupación, el enfado o la frustración forman parte de nuestra experiencia.

La atención plena propone algo diferente: aprender a reconocer aquello que aparece sin tener que luchar inmediatamente contra ello.

Hay días tranquilos y días difíciles. La práctica no pretende borrar ninguno de ellos, sino ayudarnos a atravesarlos con mayor conciencia.

¿Cómo podemos empezar a practicar?

No necesitamos dedicar una hora diaria a meditar para comenzar.

Podemos introducir pequeños momentos de atención plena en nuestra vida cotidiana:

  • Observar nuestra respiración durante unos minutos.
  • Comer prestando atención a los sabores y las sensaciones.
  • Caminar percibiendo conscientemente nuestros pasos y el entorno.
  • Hacer una pausa antes de responder ante una situación que nos altera.
  • Observar nuestros pensamientos sin intentar detenerlos.
  • Realizar pequeñas meditaciones guiadas.

Con la práctica, esos minutos pueden convertirse en una nueva manera de relacionarnos con nuestra vida cotidiana.

Volver al presente

Pasamos buena parte de nuestra vida intentando llegar al siguiente lugar.

La siguiente tarea.
La siguiente preocupación.
La siguiente meta.

Mindfulness nos recuerda algo mucho más sencillo: nuestra vida también está ocurriendo mientras pensamos en todo lo demás.

Aprender a detenernos, respirar, observar y regresar al presente puede convertirse en una herramienta de autoconocimiento y bienestar.

Porque quizá no podamos decidir todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos aprender a estar más presentes en la manera en la que lo vivimos.


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